Ancelotti ha sido duro, pero justo

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Mientras el Barcelona presenta un rosario de fichajes a golpe de palanca, que no de talonario, el Madrid de Ancelotti permanece inmutable. Está a sólo unos días de dar la primera campanada de las seis que pretende el técnico italiano, empeñado en mantener viva la llama del Sextete para que eso sirva, a la vez, de motivación a sus jugadores. Es lo que Carletto considera más importante, poner la bola a rodar, aunque también haya situaciones paralelas como los cinco millones que entrarán en caja o el título (aunque menor) que se sumará a las vitrinas.

Ancelotti es el artífice de que el equipo llegue en la mejor situación para el partido de Helsinki. Ha manejado con la astucia que le caracteriza y con mucha mano izquierda los principales incendios que tenía en una plantilla que al final se ha quedado con lo justo. Puede parecer duro, pero para mí es de ser un jefe justo que Ancelotti fuera franco con algunos jugadores a los que no ha querido dar oportunidades en la gira por EE UU para no alimentar falsas esperanzas. Enseñó el camino que debía seguir a Mayoral, pero también a Odriozola y Mariano. Ninguno de los dos podrá decir, a mitad de temporada, que están defraudados por no tener minutos.

Igual ha sucedido con Latasa, al que dio el caramelo de viajar a EE UU para favorecer que se quedara en el Castilla, pues el club quiere ahí un equipo potente, pero que volvió sin minutos en la mochila. Sí que ilusionó, en cambio, a Asensio y Ceballos. Y, por último, ha sorprendido con la afirmación rotunda de que tiene el once titular ya hecho: el mismo que le hizo ganar Liga y Champions la pasada temporada. Rüdiger y Tchouameni tienen que ganárselo. Si de algo tiene fama Ancelotti, es de ser un técnico justo.

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