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Por mucho que Simeone se empeñara en señalar tras el derbi que el Madrid es un equipo que defiende bien y te mata al contragolpe, reivindicando viejos fulgores de su equipo, los hechos demuestran que los de Ancelotti dominan mucho más el juego de lo que insinúa el Cholo. El partido del Metropolitano mostró una superioridad táctica y técnica de los blancos imposible de borrar con irónicos discursos que intentan ocultar la realidad: el Madrid juega mejor.

Los dos goles blancos parten de un saque de puerta de Courtois y en ambos interviene de manera fundamental el centro del campo, la sala de máquinas, para manejar la jugada. En el primero es Tchouameni el que ayuda a sacar la pelota y conectar con Valverde, para luego aparecer en el balcón del área y dar el pase definitivo a Rodrygo. En el segundo, una acción colectiva en la que participan los once jugadores que se dan veintiún pases antes del gol, son Kroos y Modric, con tres intervenciones cada uno, los que van madurando la jugada para superar la insulsa presión del Atleti. Intentar reducir el fútbol de este Madrid a defender bien y contragolpear es faltar a la verdad, aunque esas dos facetas del juego también las domine.

La entrada de Tchouameni en lugar de Casemiro y su rápida adaptación al juego de Kroos y Modric ha reactivado el centro del campo del Real Madrid, que sigue siendo uno de los mejores del mundo. La calidad con la pelota, el conocimiento del juego, el mando de los veteranos, la energía de los jóvenes y el softpower del entrenador hacen de éste un equipo que sobresale en todas las facetas del juego

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